De tus labios quiero el beso, más profundo.
Que tu beso me demuestre su paz, su mundo,
Porque mi boca lo pide, con vehemencia;
quiero besarte todo, con el alma y la consciencia
y que mi beso se interne, justo allí, en tu corazón.
¿Cómo quieres que no quiera darte un beso,
o qué dude de este tórrido embeleso
si toda mi piel se agita en cálido fragor?
¿Cómo quieres que reniegue de tu boca,
si en mis labios, el deseo se desboca,
por entregarse a la furia de tu beso tentador?
Beso de silencio, beso suave, delicioso.
Es besarte, para mí un placer, un gozo,
que yo no cambio por nada en esta vida.
Ven a besarme, desespero por besarte;
y en ese beso imprime amor y todo el arte,
que me devuelva hasta la fe, casi perdida.
¡Ven a besarme con los besos de tus labios!
ven y derrite tanto celo y tanto agravio,
ven a mirarme con los besos de tus ojos,
y a hacer caminos en mi cuerpo con tus manos,
que el rastro sea de carmines y sonrojos,
pues esta carne se hace tuya, en lo profano.
¡Dilapida en mí tu deseo, dilapida en mí tu alma!
Desparrama en mí tus besos. ¡Dame la calma!
No dudes ni un segundo de este sentir
pues yo quiero que no olvides este instante
y que tu beso llueva a raudales por mi vivir
porque contigo yo vivo el amor constante.
¡Besa, besa, mis labios sin ningún temor,
deja cabalgar tu beso, más allá del amor,
que el beso que vuela alto, es el beso eterno;
el beso que ilimitado se da sin fin,
el beso que llega lejos, apasionadamente tierno,
el beso que lleva el alma hasta su confín!
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